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Películas de Fantasía, Ciencia Ficción y Horror

Solo los amantes sobreviven

La depresión del vampiro

Mike Elizalde

Talento orgullosamente mexicano

sábado, 9 de diciembre de 2017

RELATOS SALVAJES (2014) Trailer


Relatos Salvajes dirigida por Damián Szifrón en 2014, fue la multiganadora película que arrasó con los premios de la Academia Argentina de Artes y Ciencias Cinematográficas, también fue galardonada en varios festivales como el de San Sebastián e incluso estuvo nominada a la Palma de Oro en el Festival de Cannes. 

Relatos Salvajes, está integrada por seis cortometrajes con anécdotas independientes los cuales, como pocas veces sucede, ­conservan la misma calidad y nivel de interés entre sí, dando como resultado una película redonda en todos los aspectos.

“Pasternak”, “Las ratas”, “El más fuerte”, “Bombita” (no, no se trata de nada sexual), “La propuesta” y “Hasta que la muerte nos separe”, son los episodios que integran una antología sobre la que, entre menos se sepa a detalle mejor, esto con el propósito de no arruinar la diversión de los espectadores.

Sin embargo, lo que si puedo comentarles es que se trata de una obra que desde su secuencia de créditos, deja muy en claro que el instinto salvaje es inherente al ser humano, pese a la insistencia de asegurar que somos entes racionales. Y es que, ¿Quién no se ha dejado llevar por los más feroces impulsos al vivir una situación que ha llegado a su límite?

Estamos ante un conjunto de historias que se desarrollan en Argentina, donde la geografía, el idioma y la forma de hablar, no son obstáculo para identificarse plenamente con la problemática que viven todos y cada uno de los personajes; por el contrario, es ahí donde radica su valor, ya que retrata (eso sí, con una alta dosis de humor negro) una realidad compartida, sobre todo, por los países latinoamericanos sumidos en el hartazgo, el deseo incumplido de venganza, la frustración y la corrupción y/o ineptitud de gobiernos aferrados a no reconocer sus errores, así como otros factores que llegan a alterar en muchas ocasiones de forma irreparable aspectos de la vida cotidiana. 

Pero no se preocupen, porque no se trata de martirizar al espectador acerca de los problemas que nos aquejan a diario, sino de encontrar una catarsis al observar cómo la presa se convierte en depredador y viceversa.

Ricardo Darín, cuyo talento histriónico lo ha colocado como uno de los actores argentinos de mayor renombre a nivel internacional, ­basta recordarlo en películas como Nueve Reinas (2000) y El aura (2005),­ encabeza un elenco de nombres quizá no tan conocidos para un público familiarizado en su mayoría con el cine estadounidense, pero que cumplen de modo extraordinario con los requerimientos de un guión que exige una gran fuerza interpretativa.

Comparto el trailer de Relatos Salvajes de Damián Szifrón, , cine franco y sin complacencias, en donde la cruda realidad supera cualquier relato fantástico.
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martes, 5 de diciembre de 2017

LA DANZA DE LOS VAMPIROS (1968) Trailer


A una villa ubicada en algún de los Cárpatos llega el excéntrico profesor Abronsius (Jack MacGowran) acompañado de su discípulo Alfred (Roman Polanski) en busca de indicios que demuestren la existencia de chupa-sangres.

Un 5 de diciembre de 1968 se estrenó La danza de los vampiros, uno de los máximos referentes del género; obra de un joven Roman Polanski en estado de gracia, capaz de ponerse delante y detrás de la cámara para ofrecernos una afortunada parodia de las ahora legendarias y, tan en boga en su tiempo, películas de horror gótico producidas por la Casa Hammer protagonizadas por Peter Cushing y Christopher Lee.


El quinto largometraje del realizador polaco Roman Polanski es un relato de fino humor negro con todos los ingredientes que debe tener una buena cinta de vampiros: pueblerinos sospechosos, casas protegidas por ajos, un lúgubre castillo, una damisela en peligro con generoso escote digno de hincar el diente o el colmillo según sea el caso (hermosa Sharon Tate), un vampiro a imagen y semejanza del ya citado Lee (Ferdy Mayne) y su hijo gay (Iain Quarrier), quien confieso era el que más me desconcertaba cuando la vi de niño, quizá al no comprender del todo las verdaderas intenciones que tenía para con Alfred. Bendita inocencia.

Curiosamente el tono satírico se mantiene la mayor parte del tiempo, no obstante, cuenta con algunas escenas que sin ser aterradoras ofrecen ciertos momentos de divertido nerviosismo.

Sin más preámbulo, comparto el trailer de la película también conocida como Disculpe, sus colmillos están en mi cuello próxima a cumplir medio siglo.


domingo, 1 de octubre de 2017

SKYFALL (2012)


Antes de compartir mi extenso comentario sobre Skyfall, debo confesar que desde la creación de éste blog, más de una vez me he detenido a reflexionar acerca de qué tanta cabida tienen las aventuras de James Bond dentro del género fantástico, llegando a la conclusión de que cuenta con los elementos suficientes para inclinar la balanza hacia el lado de lo inverosímil y no de lo realista. Además, siendo desde siempre uno de mis héroes favoritos, es difícil mantenerme renuente a comentar sus películas e ignorarlo.

Desde el reinicio en 2006 de la franquicia más redituable y larga en la historia del cine, es decir, la del agente 007, quedó en claro que los realizadores deseaban borrar todo rastro de triunfalismos ligados a las películas de cuatro décadas anteriores, aunque ello significara reelaborar el mito que para muchos era más que intocable.

En Casino Royal, los productores apostaron por un James Bond de mirada fría y rasgos duros, carente del encanto, galanura y sofisticación de sus antecesores, bajo el argumento de que la intención era evocar al personaje literario creado por Ian Fleming.


Daniel Craig, quien a partir de su elección llegó a convertirse en el protagonista más controversial pese a su indudable histrionismo, dividió opiniones. Las nuevas generaciones lo aceptaron situándolo a la par de personajes como Jason Bourne, fenómeno que llama la atención, siendo que el James Bond original mantuvo el privilegio de ser incomparable casi hasta sus últimos días.

Algunos fanáticos se retractaron e incluso consideraron a Daniel Craig, el mejor James Bond por encima de Sean Connery y Roger Moore (no es mi caso). Muchos otros, más de lo que Sony Pictures se empeña en reconocer, reafirmaron sus sospechas: James Bond había muerto.

Casino Royal abandonó la fórmula que por años contribuyó a hacer del héroe, todo un icono cinematográfico. El universo de insólitas aventuras fue sustituido por un entramado realista, oscuro y con una perspectiva más adulta.


En Casino Royal (2006) se aborda la primera misión de James Bond al recibir la categoría doble O. La película adapta la novela homónima modernizando algunos aspectos que parecieran anacrónicos. No me atrevería a decir que Casino Royale es una mala película, de hecho creo que el director Martin Campbell hace un estupendo trabajo. Daniel Craig y Mads Mikkelsen funcionan como antagonistas, las escenas de acción son trepidantes, los escenarios majestuosos ¿Entonces?

Cuando uno paga por comer una hamburguesa servida con papas fritas y un vaso de refresco, no espera que le lleven un plato de comida china, un spaghetti a la boloñesa o un manjar más delicioso que lo que uno ha pedido. Ya sé, deben preguntarse ¿Y eso qué tiene que ver?

Pues, esa es la sensación que provoca al final Casino Royale. Hemos visto una buena película, estuvo divertida pero… ¡No es una película de James Bond! Ninguna secuencia lleva el sello inconfundible del tema compuesto por Monty Norman e interpretado por John Barry, no hay gadgets (todos los aparatos modernos necesarios para la misión), no narran una mini aventura antes de los créditos iniciales. 007 luce musculoso pero desaliñado. Por si fuera poco, el desenlace  más allá de ser revelador luce artificioso.


Quantum of Solace (2008) se estrenó como secuela de Casino Royale. Se suponía que los cabos sueltos y las incógnitas de la entrega anterior, serían resueltas para poner punto final a la etapa introductoria del nuevo 007 y así, en las cintas siguientes dar inicio a otras misiones con un espectador más familiarizado con la psicología del personaje.

Una persecución automovilística espectacularmente filmada da inicio a una película que prometía más de lo que otorga. Poco se relacionan los hechos de Casino con los de Quantum. A la mitad del filme, no se develan los misterios principales y solo sabemos lo que es obvio, hay una organización criminal que quiere dominar al mundo ¿No es lo mismo qué ya sabíamos antes de verla?


Considerando que las películas de Bond desde su nacimiento en 1962 no son precisamente joyas argumentales, sería injusto calificar con una mala nota al realizador Marc Forster por los baches y traspiés del guión escrito por Neal Purvis y Robert Wade. Se deja ver aunque en lo personal no lo haría más de dos veces.

Daniel Craig, más cómodo en los zapatos de James Bond y con menos presión por ser aceptado en el papel -en el peor de los casos el odio se volvió indiferencia- muestra una rudeza aun mayor que la expresada en su debut. Craig ganó elogios por un sector de la crítica que alabó su interpretación de frío asesino en Casino Royale. Por desgracia, su actuación se tornó exagerada en Quantum of Solance. Ni tanto que queme al santo...



 En Skyfall, Sam Mendes, director de la ganadora del Oscar Belleza Americana (1999) fue el encargado de revivir a un vilipendiado 007, quien por fortuna, retomó elementos y tópicos de las películas de antaño para beneplácito de sus más fieles admiradores. Es así que, regresaron las armas secretas, los trajes elegantes, el tema musical y algunas frases cómicas que antes evitaba mencionar Craig, de quien también debo decir se nota menos acartonado y más cómodo que en Quantum. También se incluye un guiño nostálgico a una de las más entrañables películas de la etapa Connery.

Cuando la identidad de los agentes secretos de MI6 es puesta al descubierto, James Bond debe capturar al culpable y de paso proteger a su superior M, quien no solo corre el riesgo de ser relevada en su puesto, sino de sufrir un atentado a manos de un enemigo a quien debe un ajuste de cuentas.

En ello se resume la premisa de Skyfall, una historia así de simple que por más que se extienda en explicaciones y diálogos elaborados, no tiene mayores alcances que los ya vistos en otras películas de la franquicia. No por ello, deja de tener momentos de suspenso bien logrado y escenas que no pasarán a ser memorables pero que en el instante divierten y justifican el pago del boleto. Mi momento favorito la persecución en motocicleta.


Javier Bardem como Silva, aparece menos de lo que uno supondría. Decir que es la apoteosis del mal, me resulta exagerado. Pero en gustos se rompen géneros. No es mi villano favorito pero tampoco lo pondría entre los peores. De malosos en plan guiñolesco y hasta sangrón está repleta la franquicia. Por ejemplo, está el recordado y me atrevería a decir que hasta querido "mandibulas" (Jaws).


Mención aparte merece la excelente actriz Judy Dench repitiendo como M, la mujer de hierro que se erige como líder del Servicio Secreto de su Majestad y cuya capacidad vuelve a ser puesta en tela de juicio como en casi todas las entregas en que aparece desde la era Pierce Brosnan.



Se da un giro a algunos personajes secundarios como Moneypenny (Naomi Harris), ahora en versión afroamericana -como dicta lo politicamente correcto- empoderandola, modificando el rol de chica Bond para hacer del personaje algo más que un mero atractivo visual; situación parecida a la de Halle Berry y Michelle Yeoh en Otro día para morir y El mañana nunca muere, respectivamente.


También tenemos al nuevo Q (Ben Whishaw), lo que es un gran acierto y tiene mucha lógica ¿Quién mejor que un joven nerd tipo Big Bang Theory para conocer y explicar las aplicaciones tecnologicas del siglo XXI? El mismo Desmond Llewelyn, actor que desempeñó el papel por más de veinte años, reconoció que ya ni él sabía de lo que estaba hablando en sus últimas apariciones. Y John Cleese, bueno, de ese "R" ascendido a "Q" mejor ni hablamos.

En resumen, Skyfall capturó lo mejor de Casino Royal y lo rescatable de Quantum, aderezando la trama con los ingredientes de la añeja pero exitosa fórmula, provocando la nostalgia de los verdaderos fanáticos y convirtiéndose en un aliciente para esperar con ansias las entregas venideras. Por desgracia, la siguiente misión del 007 dejaría mucho que desear. Pero esa, es otra historia.
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DJANGO SIN CADENAS (2012)


Al definir a Django sin cadenas de Quentin Tarantino como un western fantástico no pretendo dar por entendido que se trata de una maravilla fílmica. El termino lo utilizo en el sentido literal de la palabra; motivo por el cual incluyo mi comentario sobre la película en éste blog.

Cierto es que, una gran cantidad de críticos se ha empeñado en situarla en una lista de las mejores cintas de vaqueros de todos los tiempos, y qué decir de los miembros de la Academia de Artes Cinematográficas que con un criterio que cada año es más cuestionable le otorgó cinco nominaciones incluyendo las categorías de Mejor película y Mejor director.

Por otro lado, sería injusto pensar que el hecho de ser nominada al Oscar la convierte en automático en una película sin más mérito que el obtenido por cualquier otra producción realizada con pretensiones meramente  comerciales.


Django sin cadenas, al igual que todas las cintas que integran la filmografía de Tarantino, no deja indiferente a ningún espectador. El otrora director de Perros de Reserva (1992) y Tiempos violentos (1994), vuelve a demostrar que es un cinéfilo de sepa. Aquí en particular deja al descubierto su admiración por Sam Peckinpah y Sergio Leone. Django sin cadenas es un homenaje al spaguetti western, el género nacido en Italia en los años sesenta que diera fama internacional a Clint Eastwood y al ya citado Leone con títulos como Por un puñado de dólares (1964), Por unos dólares más(1965) y la obra cumbre El bueno, el malo y el feo(1966).

El spaguetti western a diferencia del western americano, tiene una perspectiva más violenta y realista de las situaciones y la línea divisoria entre héroes y villanos es casi imperceptible.


Tarantino no descubre el hilo negro, tampoco creo  que sea el cineasta de ideas super originales que sus seguidores incondicionales atribuyen a una condición de genio. Lo que es innegable es su habilidad para recrear el cine de tiempos pasados utilizando las técnicas de filmación actuales.
 
Django sin cadenas no puede ser considerado un plagio, sino un homenaje,  que aclaro debe tomarse con ligereza porque cierto es que, fiel a su estilo muestra una violencia desbordada pero también ofrece momentos que van de lo gracioso a lo ridículo y que son por demás divertidos.


Con una duración de casi tres horas, la película mantiene un ritmo ágil, lo que se agradece y  hace pensar a más de uno, que Tarantino aprendió tras la experiencia de Bastardos sin gloria (2009), que extenderse en diálogos sin sentido solo le resta interés al asunto.

La trama aborda la relación entre el doctor King Shultz (Christoph Waltz) un alemán caza recompensas que pide al esclavo Django (Jamie Foxx), ayuda para identificar y matar a unos delincuentes. A cambio no solo obtendrá su libertad sino una considerable cantidad de dinero. Más tarde, cumplido su objetivo deciden continuar juntos y rescatar a la mujer del esclavo quien se encuentra en manos de un sádico terrateniente (Leonardo Di Caprio).


Como película de aventuras es divertida, no tiene mayores complicaciones que ver cómo la pareja protagonista va disparando a diestra y siniestra contra quien se les ponga enfrente. Los personajes están bien construidos, cada uno por separado tiene un perfil psicológico que explica el porqué de sus acciones. El problema radica en la interrelación de los mismos. No termina por explicarse ese afecto casi paternalista de Shultz hacia Django. Por momentos guiñolesca pero más efectiva, es la interacción entre Calvin Candie (Di Caprio) y su mayordomo Stephen (un irreconocible Samuel L. Jackson). 

Django es el pretexto para contar la historia, cierto es que las acciones giran en torno a él, pero conforme aparecen los  personajes del cazador de recompensas, del burgués y del criado negro, su rol se convierte en secundario. 


A éstas alturas poco sentido tiene reprochar a Quentin Tarantino que uno de sus filmes tenga exageraciones al por mayor, después de todo, ese ha sido el sello que lo ha convertido en un cineasta de culto. Una película de Tarantino sin excesos sería como un filme de Hitchcock sin suspenso.

A diferencia de A prueba de muerte(2007) o Bastardos sin gloria, películas que para ser honesto recomendaría solo a fanáticos del buen Quentin, puedo decir que Django sin cadenas es una obra que puede resultar entretenida para los amantes del género, y significar para quienes ha decepcionado tras algunos tropiezos una reconciliación.


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domingo, 10 de septiembre de 2017

SANTO VS LA INVASIÓN DE LOS MARCIANOS (1966)

La película que comento a continuación pone de manifiesto que Ed Wood podrá ser considerado el peor director en la historia de la cinematografía mundial, sin embargo, le siguen de cerca realizadores que bien podrían pasar como sus alumnos más aventajados, tal es el caso del alemán Alfredo B. Crevenna quien, sorpresivamente unos años después fuera nominado al León de Oro en el Festival de Venecia (La rebelión de los colgados/1954) y a la Palma de Oro en Cannes (Talpa/1956). Quizá un extraterrestre con ínfulas de cineasta usurpó su identidad, nunca lo sabremos.

El responsable del disparatado guión de Santo vs la invasión de los marcianos cuya influencia más notoria son los seriales de Flash Gordon producidos a finales de los años 30 y el cine de ciencia ficción estadounidense de los cincuenta, es Rafael García Travesi, colaborador habitual en las películas del enmascarado de plata.


El asunto va de unos marcianos que visitan la tierra haciendo escala en México, con el fin de advertir a los terrestres que, de insistir con nuestras guerritas, pruebas nucleares y demás actividades belicosas, se verán en la necesidad de aniquilarnos por el bien del universo, mismo discurso que en la clásica El día que la tierra se detuvo (1951). Presumiendo un desarrollo tecnológico que adelanta por cinco siglos a los primitivos terrícolas, los marcianos optan por demostrar al mundo su poderío desintegrando con un mentado ojo astral a los pobres mexicanos, a quienes han elegido por ser pacifistas ¡Si serán abusivos!

Al igual que en La guerra de los mundos (1953), los visitantes no soportan el aire terrestre (el smog diría yo) por lo que se ven obligados a tomar unas cápsulas de farmacias similares. Pero su verdadera preocupación es ¡El Santo!

Cinta de humor involuntario que plantea una infinidad de interrogantes sin respuesta:

¿Por qué al inicio un marciano se teletransporta justo a la cancha de futbol llanero donde Santo da clases de lucha libre a unos niños?

¿Por qué el marciano se enfrasca con Santo en un duelo de llaves y contrallaves pudiendo desintegrarlo con el ojo astral?


¿Por qué los marcianos usan mallas y capa de luchador y se atreven a decir que Santo es un terrestre que viste extrañamente?

¿Por qué desintegran a una veintena de personas y el périodico anuncia la desaparición de millares? ¿Por amarillismo?

El jefe marciano para no aterrorizar a los humanos propone a su tripulación usar la cámara transformadora, entran vestidos de luchadores y salen disfrazados de romanos. Por si fuera poco, rebautiza a todos con nombres de la mitología griega: Cronos, Hércules, Afrodita, etc. ¿Cómo pa qué?

Con el fin de estudiar a la especie humana, los marcianos después de viajar años luz tienen la grandiosa idea de llevarse a su planeta a un sui generis grupo de personas integrado por: una familia enajenada con el televisor, un par de industriales calenturientos, un padrecito de iglesia que no se roba las limosnas (el único caso digno de estudiarse) y un escritor de ciencia ficción. Por supuesto, una vez que han puesto a prueba la fortaleza sobrehumana de El Santo, (católico, apostólico, omnipotente y mesiánico ídolo del cuadrilátero), intentan llevárselo para analizar su cerebro y huesos y en base a ello crear un super ejército galáctico. En lo dicho, Capitán América nos la pela.


Mi momento favorito es cuando las buenonas y cachondas marcianitas encabezadas por Maura Monti, bailan A go-go presumiendo piernón de campeonato mundial ¡Así, hasta yo me dejo abducir!

Diviértanse con el trailer.

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sábado, 19 de agosto de 2017

DON´T KILL IT(2016)


Un demonio anda suelto en un pueblecillo estadounidense matando a cuanto cristiano se cruza en su camino. La policía sin encontrar una respuesta lógica a los crimenes que, apuntan a una especie de locura que se contagia de un habitante a otro, termina por darle un voto de confianza al locochón cazador Jebediah Woodley (Dolph Lundgren). 
Esperar algo espectacular de Dont kill it sería pedirle peras al olmo, para empezar está dirigida por un tal Mike Mendez cuya filmografía comprende títulos infames como Lavalantula y Big Ass Spiders ambas para televisión, El convento, inexplicablemente premiada en algunos festivales y la infumable softporno Bimbo movie bash. El guión de Robert Olsen y Dan Berk avanza a jalones y estirones después del par de minutos iniciales que minímo prometían algo de diversión chabacana para pasar el rato. Trillada presentación del héroe mezcla de Indiana Jones, Cocodrilo Dundee y el Van Helsing de Hugh Jackman (con sombrero atornillado en las arrugas y unas botas ridículas) defendiendo a muchachona en un bar sin despeinarse, para luego irse al cinco letras con ella. Lundgren quien ya no se cuece al primer hervor, luce un físico todavía aceptable a sus sesenta años, cabe decir que, no solo conserva agilidad,  sino también la incapacidad de otorgar una buena actuación, para ser una película con mucho humor negro, quizá ser tan malo es un handicap a su favor. 


Haciendole segunda está la actriz alemana Kristina Klebe en el papel de una agente que cae enamorada de sus músculos después de verlo sin camisa en la clásica escena del fulano curando sus heridas en un hotel. Otro caso de empatía metida a chaleco, literal.


Volviendo al argumento, la supuesta novedad consiste en el modus operandi del chamuco. Resulta que se trata de un demonio antiquísimo que al posesionarse de un cuerpo tiene el poder de transmutarse en la persona que lo mate. Es así que, si un policía dispara a un poseído, el demonio toma el cuerpo del policía y así sucesivamente hasta convertirse en un matadero sin fin. En ese sentido reconozco que se esforzaron en ser originales, por desgracia, la solución para atrapar al ente maligno deriva en una genuina barbaridad sin pies ni cabeza. 


Después de explicar el origen del demonio, caer en una serie de contradicciones y escuchar frases sangronas cortesía de Lundgren interpretando a un personaje anacrónico sacado del siglo XIX, la película sale del letargo pasados los cuarenta minutos. Escena de gore al por mayor con demonio atacando sin piedad en una iglesia; mutilando miembros, destrozando cabezas (de personajes que a leguas se nota son muñecos), repartiendo hachazos y volando sesos, mientras salta de cuerpo en cuerpo en los escasos tres minutos más entretenidos de la cinta. La abuela endiablada se lleva las palmas mientras que Lundgren luce como el héroe más desorientado que haya visto.

Al final dejan abierta la posibilidad de una continuación. Ahora que Dolph Lundgren ha sido invitado a participar en el próximo Sharknado, no les extrañe que sea en un cameo interpretando al tal Jebediah Woodley.

Estrenada en el Festival Macabro 2017 después de exhibirse en  Sitges Cataluña, Dont kill it es una película que hace preguntarme cuáles son los criterios que los organizadores toman en cuenta para programar determinado título. Pareciera que en la actualidad basta que un filme cumpla con el requisito de pertenecer al género de horror para formar parte de éstas muestras. Dont kill it está a años luz de convertirse en una obra de culto y apuesto que en México ni siquiera tendra una corrida comercial fuera de los circuitos festivaleros.

Veamos con el tiempo quién tiene la razón.
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sábado, 8 de julio de 2017

RETORNO A LA PREPARATORIA DEL HORROR (1987) TRAILER.


Años después de que un asesino se diera gusto despachando estudiantes en una clásica preparatoria gringa, una productora de cine de tres pesos (igual que New World Pictures responsable de este bodrio) pretende recrear los crimenes en una película. Como es de esperarse, el malandro al que nunca agarraron, vuelve a hacer de las suyas dándole cuello a los miembros de la producción de las formas más ridículas.

La premisa remite de inmediato a la saga Scream, siendo su único mérito haber sido realizada mucho tiempo antes, pero nada más. Curioso que el homicida vista igual y lleve puesta una máscara blanca parecida al "Ghost" de Wes Craven.

Fallido intento de slasher paródico que no funciona como película de horror y ni qué decir en sus pretensiones cómicas realmente vergonzosas teniendo una galería de personajes que daba para más: el productor morboso que insiste que el sexo vende, el director deseoso de libertad creativa, la actriz cansada de ser mostrada como objeto sexual, etc, etc. Lástima que el director Bill Froehlich - quien por fortuna no volvió a dirigir un largometraje- en vez de burlarse de los clichés y lugares comunes del género, optara por combinar de manera por demás confusa, realidad y ficción en una trama de lo más disparatada.


Por la noche mientras filman, el asesino deja un reguero de sangre mientras que, por la mañana los estudiantes siguen yendo a clase como si nada. La actriz cuando no está rodando una escena se hace pasar por alumna, dándose el tiempo para ligarse a un policía quien, a su vez fue invitado a participar en la película sustituyendo a un actor...¡Nada más y nada menos que un joven George Clooney! 

Leyeron bien, el otrora doctor de ER convertido en super estrella de Hollywood participó en semejante despropósito. Si Clooney se avergüenza por ser uno de los peores Batman, ya me imagino qué pensará de esto. Menos mal que dice dos líneas y enseguida lo matan. Obviamente, con el paso del tiempo los listillos encargados de distribuir la película a los videoclubes, no dejaron pasar la oportunidad de anunciar al actor como protagonista para engañar a los incautos.

En el reparto también encontramos a un intérprete de poco renombre pero cara conocida, Alex Rocco (Moe Green en El Padrino), quien quizá debía dinero a la mafia en la vida real, razón por la cual aceptó el papel del productor higadazo.

Recomendable solo si les provoca curiosidad ver a George Clooney con cabello negro y en estado descafeínado por tres minutos. Comparto el trailer.

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domingo, 25 de junio de 2017

TRAMPA PARA TURISTAS (1979)

Abordo de un auto, tres chicas -dos de muy buen ver- y el novio de una de ellas, viajan a través de una carretera. Como es costumbre y de esperarse, el vehículo se avería dejándolos a su suerte en un paraje solitario de la América profunda. Ahí conocen a un granjero misterioso que se ofrece a ayudarlos a arreglar el auto mientras las chavas esperan en su casa, que no es otra cosa que un museo de cera para turistas cuyas figuras fabrica él mismo.


Película de horror, que a casi cuarenta de años de su estreno y pese a ser considerada por muchos una pequeña y desconocida joya del género, no me parece una maravilla, sin embargo, tiene algunos elementos rescatables. 

La opera prima de David Schmoeller, de quien pueden encontrar en éste blog también el título Crawlspace, fusiona dos subgéneros de moda durante los años setenta que, cobrarían mayor auge en la década siguiente: las casas embrujadas y el slasher. Quizá esa combinación sea el mayor mérito de la cinta, que no aterroriza pero por lapsos consigue generar el suspenso suficiente para mantener el interés. 


La trama nos muestra a un psicópata que no contento con dejar caer el hacha sobre sus víctimas, tiene poderes de telequinesis, los cuales no duda  usar para cerrar ventanas, azotar puertas, lanzar objetos y mover maniquies como si fueran personas. Es una especie de combinación entre Carrie White y Jason Voorhees, aunque a diferencia del asesino con máscara de Hockey al que apenas escuchamos gruñir, éste si cuenta con voz propia para contarnos su historia. 


Para ser un slasher es bastante fresón, no llega a cinco muertos, tampoco corre mucha sangre y olvíden la idea de deleitarse viendo en topless a alguna de las actrices, porque -extrañamente- no hay ninguna escena sexual ni para hacer tiempo.


En el reparto integrado por cinco actores solo destacan los nombres del veterano Chuck Connors, conocido por protagonizar la serie televisiva El hombre del rifle y encasillado en papeles de vaquero, quien saca adelante de manera aceptable el rol del psicópata telépata y, el de la desconocida en ese tiempo, poco talentosa pero de presencia atractiva y cachonda Tanya Roberts, rubia ex-chica Bond aquí con el cabello negro.




Considerando que se trata de una película con bastantes años a cuestas y una producción de cine B, los efectos especiales no están tan mal, sobre todo en lo que a objetos voladores se refiere, lástima que no se pueda decir lo mismo de los maniquies a los que el tiempo ya les pasó factura. Richard O. Helmer, el creador de estos efectos demostraría décadas después que, contando con mayor presupuesto podía ofrecer mejores trabajos, ejemplo de ello: Spiderman 2, Capitán Sky y el mundo del mañana y Zathura, entre otros.

De visionado rápido gracias a que apenas rebasa los 80 minutos de duración, la película funciona sin ponerse muy exigentes como entretenimiento pasajero, pero nada más.
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domingo, 18 de junio de 2017

HOUSE OF 1000 CORPSES (2004)



Su nombre es Rob Zombie y éste es el cine que le gusta.

Con esta simple oración podría describir la película House of 1000 corpses. Sin embargo, antes de  desmenuzarla, habría que comentar quién es el realizador y qué ha hecho durante casi 30 años de carrera artística.

Resulta que a principios de los años noventa, irrumpió en la escena musical un grupo metalero llamado White Zombie (nombre inspirado en la película homónima protagonizada por Boris Karloff  en 1932) primera de muchas referencias cinematógraficas que se volverán sello característico de Robert Cummings alias Rob Zombie, líder de dicha banda. 


El buen Rob, a su decir, nació en un pueblo aburrido en donde había poco que hacer, siendo el cementerio el único lugar interesante a falta de un cine u otro divertimento. Desde niño se convirtió en un teleadicto, pasaba días enteros frente al televisor y conocía de memoria la programación semanal. 

Sinceramente desconozco porqué siendo su sueño inicial ser director de cine se inclinó por la música, quizá por su admiración a Alice Cooper y Gene Simmons. Eso lo dejo para los eruditos del tema. El caso es que destacó en la escuela de Bellas Artes de la secundaria Haverhill High  por su habilidad para dibujar y una desbordante imaginación, eso si muy siniestra.


Lo anterior contribuyó a darle ese estilo particular a White Zombie una vez formado. Hasta ese momento Alice Cooper, Black Sabath, Goblin y Michael Jackson -con el video Thriller- eran algunos de los interpretes que más se habían acercado a lo que podríamos definir como música de terror, aunque no eran conceptos que abarcaban una totalidad. Rob escribía letras que hacían referencia directa a una cinta, mencionaba los títulos dentro de las canciones, recreaba en sus videos escenas y personajes de filmes clásicos como Naranja mecánica (ver el video Never gonna stop), diseñaba escenografías y vestuarios convirtiendo a los conciertos en una experiencia teatral. En plan solista las cosas no cambiaron mucho, como opinión personal, mejoraron.En fin, más allá de que a uno le guste o no su música, se nota el interés por mantener la misma calidad tanto en lo auditivo como en lo visual. 


 Con un nombre reconocido, ganador de vayan ustedes a saber cuántos discos de platino y una legión de seguidores incondicionales, Rob Zombie por fin estaría cerca de su sueño: Dirigir. Se le ofreció la tercera parte de El cuervo, proyecto que abandonó a los dos años de no concretarse el guión. A la postre se haría la olvidable The Crow: Salvation

En 2004, Universal Pictures dio un voto de confianza al metalero y 7 millones de dólares para filmar su opera prima: House of 1000 corpses.


Comencemos por el guión, una de las cosas que más me brinca. Zombie asegura que estuvo trabajando desde 1999 en el proyecto. Según después de ver la primera parte de Scream de Wes Craven, pensó que era una porquería y que, él sin ser director podía filmar algo menos mediocre.


Siento contradecir al artista, pero Scream sin llegar a ser un parteaguas en el cine de horror, por lo menos consiguió volver a poner de moda el caduco subgénero Slasher con una premisa fresca e incluso simpática. Contrariamente a House of 1000 corpses que, no es otra cosa que un remake de La masacre de Texas de Tobe Hooper aderezado con referencias de cuánta película similar se les ocurra. Si no me creen ¿Cómo les suena esto?


A finales de los años setenta, dos parejas de jovenes viajan por una carretera. Llegan a una gasolinera en donde el Capitán Spaulding, un fulano pintado de payaso -quien desde el minuto uno ya sabemos que es un loco asesino- los invita a dar un recorrido por un museo de asesinos seriales que ya lo quisiera Six Flags. Acto seguido, los chavales le preguntan si conoce la ubicación de un sitio donde según una leyenda un tal Dr. Satan cometía sus crímenes (no cabe duda que los gringos son morbosos con ganas). El payaso les hace un croquis y solitos se van al matadero, el que por su gusto es buey...


Ahí, son capturados por una familia de sádicos, depravados y deformes. Incluído un idiota casi gemelo de Leatherface (otra calca de La masacre). En adelante no hay más que una sucesión de escenas sangrientas y bonitas torturas para deleite de los amantes de las tripas. Es predecible a quién van a matar primero y quien por extraño e improbable que parezca va a sobrevivir, no por algo es el género de "la chica tonta perseguida por asesino más tonto".


Entre la galería de degenerados variopintos practicantes de necrofilia, canibalismo y ritos satánicos, desde el líder Otis (Bill Moseley) pasando por el Capitán Spaulding (Sid Haig) hasta llegar al Dr. Satan (Walter Phelan), sobresale la presencia de Baby, interpretada por Sheri Moon Zombie, esposa del realizador, quien de actuación ofrece poco, pero enseña otros talentos para devolver el interés a una trama que no da para mucho. 


Como se habrán dado cuenta, en lo que a argumento se refiere Zombie no se quiebra la cabeza y va hilvanando una serie de eventos y lugares comunes; recurre a una inserción de escenas que sirven como carta de presentación de los personajes malvados y a varias imagenes alucinantes filmadas en negativo, mismas que eran clásicas de sus videos musicales (ver Superbeast). Tecnicamente no se le puede reprochar nada. Me gustó la paleta de color de tonalidades intensas propia del cine de Dario Argento (semejantes a los de Suspiria) donde destaca el rojo. Punto a favor, dejen los grises y negros para las películas de misterio. 


Los 7 millones de dólares invertidos se justifican en el diseño de producción, el realizador no se esforzó en escribir un libreto original, sin embargo, puso notable empeño en  los escenarios, el vestuario, el maquillaje y los decorados. Por último y como era de esperarse, el soundtrack no tiene desperdicio, va de lo terrorífico a lo estridente. No volvería a ver la película en un cierto tiempo pero hay algunas rolas que no me canso de escuchar.


Al final todo se resume en un catálogo de referencias. Nos enteramos que a Rob Zombie le gusta el gore, el giallo, los clásicos de horror de Universal, los slashers ochenteros, el cine Grindhouse o de explotación, los Munsters; y que admira a Todd Browning,  Herschell Gordon Lewis, Tobe Hooper y a Wes Craven en sus inicios.


De Rob Zombie me quedo primero con su señora, luego con su música y al final con sus películas. Cuestión de gustos.
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