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Películas de Fantasía, Ciencia Ficción y Horror

Solo los amantes sobreviven

La depresión del vampiro

Mike Elizalde

Talento orgullosamente mexicano

domingo, 25 de junio de 2017

TRAMPA PARA TURISTAS (1979)

Abordo de un auto, tres chicas -dos de muy buen ver- y el novio de una de ellas, viajan a través de una carretera. Como es costumbre y de esperarse, el vehículo se avería dejándolos a su suerte en un paraje solitario de la América profunda. Ahí conocen a un granjero misterioso que se ofrece a ayudarlos a arreglar el auto mientras las chavas esperan en su casa, que no es otra cosa que un museo de cera para turistas cuyas figuras fabrica él mismo.


Película de horror, que a casi cuarenta de años de su estreno y pese a ser considerada por muchos una pequeña y desconocida joya del género, no me parece una maravilla, sin embargo, tiene algunos elementos rescatables. 

La opera prima de David Schmoeller, de quien pueden encontrar en éste blog también el título Crawlspace, fusiona dos subgéneros de moda durante los años setenta que, cobrarían mayor auge en la década siguiente: las casas embrujadas y el slasher. Quizá esa combinación sea el mayor mérito de la cinta, que no aterroriza pero por lapsos consigue generar el suspenso suficiente para mantener el interés. 


La trama nos muestra a un psicópata que no contento con dejar caer el hacha sobre sus víctimas, tiene poderes de telequinesis, los cuales no duda  usar para cerrar ventanas, azotar puertas, lanzar objetos y mover maniquies como si fueran personas. Es una especie de combinación entre Carrie White y Jason Voorhees, aunque a diferencia del asesino con máscara de Hockey al que apenas escuchamos gruñir, éste si cuenta con voz propia para contarnos su historia. 


Para ser un slasher es bastante fresón, no llega a cinco muertos, tampoco corre mucha sangre y olvíden la idea de deleitarse viendo en topless a alguna de las actrices, porque -extrañamente- no hay ninguna escena sexual ni para hacer tiempo.


En el reparto integrado por cinco actores solo destacan los nombres del veterano Chuck Connors, conocido por protagonizar la serie televisiva El hombre del rifle y encasillado en papeles de vaquero, quien saca adelante de manera aceptable el rol del psicópata telépata y, el de la desconocida en ese tiempo, poco talentosa pero de presencia atractiva y cachonda Tanya Roberts, rubia ex-chica Bond aquí con el cabello negro.




Considerando que se trata de una película con bastantes años a cuestas y una producción de cine B, los efectos especiales no están tan mal, sobre todo en lo que a objetos voladores se refiere, lástima que no se pueda decir lo mismo de los maniquies a los que el tiempo ya les pasó factura. Richard O. Helmer, el creador de estos efectos demostraría décadas después que, contando con mayor presupuesto podía ofrecer mejores trabajos, ejemplo de ello: Spiderman 2, Capitán Sky y el mundo del mañana y Zathura, entre otros.

De visionado rápido gracias a que apenas rebasa los 80 minutos de duración, la película funciona sin ponerse muy exigentes como entretenimiento pasajero, pero nada más.
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domingo, 18 de junio de 2017

HOUSE OF 1000 CORPSES (2004)



Su nombre es Rob Zombie y éste es el cine que le gusta.

Con esta simple oración podría describir la película House of 1000 corpses. Sin embargo, antes de  desmenuzarla, habría que comentar quién es el realizador y qué ha hecho durante casi 30 años de carrera artística.

Resulta que a principios de los años noventa, irrumpió en la escena musical un grupo metalero llamado White Zombie (nombre inspirado en la película homónima protagonizada por Boris Karloff  en 1932) primera de muchas referencias cinematógraficas que se volverán sello característico de Robert Cummings alias Rob Zombie, líder de dicha banda. 


El buen Rob, a su decir, nació en un pueblo aburrido en donde había poco que hacer, siendo el cementerio el único lugar interesante a falta de un cine u otro divertimento. Desde niño se convirtió en un teleadicto, pasaba días enteros frente al televisor y conocía de memoria la programación semanal. 

Sinceramente desconozco porqué siendo su sueño inicial ser director de cine se inclinó por la música, quizá por su admiración a Alice Cooper y Gene Simmons. Eso lo dejo para los eruditos del tema. El caso es que destacó en la escuela de Bellas Artes de la secundaria Haverhill High  por su habilidad para dibujar y una desbordante imaginación, eso si muy siniestra.


Lo anterior contribuyó a darle ese estilo particular a White Zombie una vez formado. Hasta ese momento Alice Cooper, Black Sabath, Goblin y Michael Jackson -con el video Thriller- eran algunos de los interpretes que más se habían acercado a lo que podríamos definir como música de terror, aunque no eran conceptos que abarcaban una totalidad. Rob escribía letras que hacían referencia directa a una cinta, mencionaba los títulos dentro de las canciones, recreaba en sus videos escenas y personajes de filmes clásicos como Naranja mecánica (ver el video Never gonna stop), diseñaba escenografías y vestuarios convirtiendo a los conciertos en una experiencia teatral. En plan solista las cosas no cambiaron mucho, como opinión personal, mejoraron.En fin, más allá de que a uno le guste o no su música, se nota el interés por mantener la misma calidad tanto en lo auditivo como en lo visual. 


 Con un nombre reconocido, ganador de vayan ustedes a saber cuántos discos de platino y una legión de seguidores incondicionales, Rob Zombie por fin estaría cerca de su sueño: Dirigir. Se le ofreció la tercera parte de El cuervo, proyecto que abandonó a los dos años de no concretarse el guión. A la postre se haría la olvidable The Crow: Salvation

En 2004, Universal Pictures dio un voto de confianza al metalero y 7 millones de dólares para filmar su opera prima: House of 1000 corpses.


Comencemos por el guión, una de las cosas que más me brinca. Zombie asegura que estuvo trabajando desde 1999 en el proyecto. Según después de ver la primera parte de Scream de Wes Craven, pensó que era una porquería y que, él sin ser director podía filmar algo menos mediocre.


Siento contradecir al artista, pero Scream sin llegar a ser un parteaguas en el cine de horror, por lo menos consiguió volver a poner de moda el caduco subgénero Slasher con una premisa fresca e incluso simpática. Contrariamente a House of 1000 corpses que, no es otra cosa que un remake de La masacre de Texas de Tobe Hooper aderezado con referencias de cuánta película similar se les ocurra. Si no me creen ¿Cómo les suena esto?


A finales de los años setenta, dos parejas de jovenes viajan por una carretera. Llegan a una gasolinera en donde el Capitán Spaulding, un fulano pintado de payaso -quien desde el minuto uno ya sabemos que es un loco asesino- los invita a dar un recorrido por un museo de asesinos seriales que ya lo quisiera Six Flags. Acto seguido, los chavales le preguntan si conoce la ubicación de un sitio donde según una leyenda un tal Dr. Satan cometía sus crímenes (no cabe duda que los gringos son morbosos con ganas). El payaso les hace un croquis y solitos se van al matadero, el que por su gusto es buey...


Ahí, son capturados por una familia de sádicos, depravados y deformes. Incluído un idiota casi gemelo de Leatherface (otra calca de La masacre). En adelante no hay más que una sucesión de escenas sangrientas y bonitas torturas para deleite de los amantes de las tripas. Es predecible a quién van a matar primero y quien por extraño e improbable que parezca va a sobrevivir, no por algo es el género de "la chica tonta perseguida por asesino más tonto".


Entre la galería de degenerados variopintos practicantes de necrofilia, canibalismo y ritos satánicos, desde el líder Otis (Bill Moseley) pasando por el Capitán Spaulding (Sid Haig) hasta llegar al Dr. Satan (Walter Phelan), sobresale la presencia de Baby, interpretada por Sheri Moon Zombie, esposa del realizador, quien de actuación ofrece poco, pero enseña otros talentos para devolver el interés a una trama que no da para mucho. 


Como se habrán dado cuenta, en lo que a argumento se refiere Zombie no se quiebra la cabeza y va hilvanando una serie de eventos y lugares comunes; recurre a una inserción de escenas que sirven como carta de presentación de los personajes malvados y a varias imagenes alucinantes filmadas en negativo, mismas que eran clásicas de sus videos musicales (ver Superbeast). Tecnicamente no se le puede reprochar nada. Me gustó la paleta de color de tonalidades intensas propia del cine de Dario Argento (semejantes a los de Suspiria) donde destaca el rojo. Punto a favor, dejen los grises y negros para las películas de misterio. 


Los 7 millones de dólares invertidos se justifican en el diseño de producción, el realizador no se esforzó en escribir un libreto original, sin embargo, puso notable empeño en  los escenarios, el vestuario, el maquillaje y los decorados. Por último y como era de esperarse, el soundtrack no tiene desperdicio, va de lo terrorífico a lo estridente. No volvería a ver la película en un cierto tiempo pero hay algunas rolas que no me canso de escuchar.


Al final todo se resume en un catálogo de referencias. Nos enteramos que a Rob Zombie le gusta el gore, el giallo, los clásicos de horror de Universal, los slashers ochenteros, el cine Grindhouse o de explotación, los Munsters; y que admira a Todd Browning,  Herschell Gordon Lewis, Tobe Hooper y a Wes Craven en sus inicios.


De Rob Zombie me quedo primero con su señora, luego con su música y al final con sus películas. Cuestión de gustos.
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domingo, 4 de junio de 2017

SANTOS VS LA TETONA MENDOZA (2012)



Hace poco más de veinte años recuerdo haber tenido en mis manos por primera vez el suplemento dominical del diario La jornada. Se trataba de una serie de tiras cómicas que en gran parte hacían una crítica al acontecer político nacional, su nombre: Las Histerietas.

Una en particular llamaba mi atención, al grado de empezar a coleccionar cada edición que mi padre llevaba a casa. Se trataba nada más y nada menos que El Santos vs la Tetona Mendoza, cuyo argumento era tan descabellado que era inútil buscarle pies y cabeza. Y eso era lo que le otorgaba el adjetivo de divertido. Las anécdotas llenas de humor escatológico, sexoso, irreverente, vulgar y soez, eran -por extraño que parezca – por demás divertidas, claro que, en gustos se rompen géneros y lo que para unos es morbosamente chistoso para otros puede ser vulgar y ofensivo. 


Realizadas por José Trinidad Camacho (TRINO) y José Ignacio Solórzano (JIS), las aventuras del luchador enmascarado el Santos - "Sanx" llamado así por su fiel Cabo- gozaron de un notable éxito durante la década de los noventa, lo que propició la edición de varias antologías que hicieron que sus creadores formaran parte de la elite de caricaturistas mexicanos.

Hoy, veinte años después llega la adaptación cinematográfica de manos de Átomo films, extensión de Anima Studios, responsables de producciones como Don Gato y su pandilla (2011) y La leyenda de la llorona (2011). Dirigida por Alejandro Lozano (Matando Cabos), la película respeta el diseño de los personajes impresos en papel, tiene una animación magnífica y un diseño de arte bastante atractivo.


La cinta dirigida a los amantes incondicionales del personaje rescata la esencia de la historieta. Santos, un luchador panzón que obvio es una parodia homenaje al Santo enmascarado de plata, mantiene una relación de amor-odio con la Tetona Mendoza, también ex luchadora voluptuosa de grandes atributos que lidera unos tugurios, acompañada por las Poquianchis del espacio. El estado depresivo en que lo deja su último rompimiento con la Tetona despierta en el Santos el interés por integrar a la sociedad a los Zombis de Sahuayo, criaturas con las comienza a sentir empatía. Pero sus buenas intenciones solo le acarrean problemas.


Como fan de la tira cómica puedo decir que no convence del todo que se haya escrito una historia completa (y sobre todo de tanta duración), porque el asunto se torna tedioso a la media hora de estar escuchando groserías y leperadas que en un principio por ser personajes animados causan gracia. La experiencia nos indica que las tiras cómicas al ser trasladadas al cine o tv en forma de largometraje, tienen mayor éxito cuando se presentan como una serie de chistes con un tema en común, pero independientes entre sí. Tal es el caso de Mafalda y Snoopy, por citar dos ejemplos.

Pese a que la película es muy fiel al material original, se agregan parodias de muchas cintas, algunas afortunadas, otras lamentables. Eso provoca cierto desconcierto porque en la historieta no se apelaba a ese recurso, pero en fin el director pretendió alargar la aventura de cualquier forma posible.


Con respecto a las voces, hay una desfile de estrellas del cine mexicano (bueno y Cheech Marin) pero la realidad es que de ese enorme elenco, pocos marcan una diferencia y lo que es peor, hay unas voces que ni siquiera se adivina de quién son, tal es el caso de los Bichir. Así que les sugiero que al final del filme no se levanten de su asiento si quieren saber quién era Guillermo del Toro, por ejemplo. Destacan por su participación Joaquín Cosio, Andrés Bustamante “el güiri-güiri”, José María Yazpik y Regina Orozco. No así Daniel Giménez Cacho extraordinario actor que como Santos demuestra que lo suyo no es darle voz a un personaje animado, ya que habla entre dientes y por momentos es inaudible e inexpresivo.


Razones para verla: Sin duda la animación porque es de lo mejor que he visto en el cine mexicano actual.

Razones para no recomendarla: Para algunas personas como ya señalé puede ser demasiado vulgar.

Razones para no perdérsela: Si eres un súper fanático de la historieta esa es la mejor razón.

lunes, 1 de mayo de 2017

Astroboy (2009)


En 1951, el artista Osamu Tezuka creó uno de los más entrañables personajes del manga (equivalente japonés del comic norteamericano). Me refiero a Astroboy o Tetsuwan Atom como se le conoce en su país de origen. El éxito propició, como era de esperarse, el lanzamiento de una serie televisiva en 1963. En la película estadounidense de 2009 fue el director británico David Bowers el encargado de mostrarnos el origen de tan peculiar robot utilizando la tecnología CG.


Metro City una ciudad del futuro que flota en el aire es el lugar en dónde el doctor Tenma, científico creador de robots que se encargan de mantener todo en óptimas condiciones, pierde en un terrible accidente durante una prueba de armas robóticas a su hijo Toby.
 
Tenma no se resigna a aceptar la muerte del niño y crea un robot que no solamente conserva la imagen de Toby sino que, también dispone de su memoria. Dotado de super poderes y a la vez de sentimientos, Toby ahora convertido en Astroboy entra en un conflicto al descubrir que no es un humano en realidad. Por si no bastaran los problemas existenciales, Astroboy deberá enfrentarse al malvado líder militar Stone quien desea obtener a cualquier costo el Núcleo Azul, fuente de energía que puede controlar cualquier cosa y que se encuentra en el pecho del chamaco cibernético.


Considerando que el argumento no ha sufrido demasiados cambios con respecto al original- en el que por ejemplo el protagonista muere en un accidente automovilístico y no en una sala de pruebas- encuentro su principal debilidad en la animación ¿Qué hay de malo en ella? Nada, en realidad es buena sin alcanzar el nivel de preciosismo y detalle de una película de Pixar.

Sin embargo, para quienes crecimos disfrutando las aventuras de Astroboy realizadas en animación tradicional, la cual en mi opinión es más artística, al ser la película realizada cien por ciento en computadora decae ese interés que provocaba ver un producto surgido en Japón, cuyas singulares características sentaron las bases del llamado anime.


Gracias a Bowers, ese querido Astroboy ha sufrido una metamorfosis que estoy casi seguro los fieles seguidores del personaje difícilmente miraran con buenos ojos, ya que ahora se parece más a Jimmy Neutrón o incluso a mi compatriota mexicano Serafín. De hecho la mayoría de los personajes han perdido gracia y frescura.


Obvio, esta es una apreciación muy personal y pude comprobar en su momento, por las reacciones de los niños (sobre todo los más pequeños), para quienes el héroe era toda una novedad, que Astroboy se perfilaba para ser una de las cintas infantiles más exitosas de ese año. Un filme pensado exclusivamente en las nuevas generaciones y en aquellos que se acercaban por primera vez al personaje.

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domingo, 23 de abril de 2017

John Wick (2014)


A mediados de la década de los setenta, Charles Bronson con El vengador anónimo (y sus incontables secuelas) inauguró lo que a la postre se convertiría en un subgénero del cine de acción: el de los vengadores urbanos. El arquitecto Paul Kersey metido a vigilante nocturno por obra y gracia de unos malandros que mataron a su esposa en la primera entrega, confirmó en la secuela al ser atacada su hija, que lo suyo, lo suyo, era darle cuello a cuánto desgraciado encontrara fastidiando gente en las calles de Nueva York, Los Angeles, etc.

La fórmula simplona pero redituable, dio pie a que se realizaran una infinidad de imitaciones sobre todo en la década de los ochenta. Y es que, no se necesita ser un genio para escribir un guión tan elemental. Se elige una víctima que da igual si es la esposa, la novia, los hijos, el mejor amigo, o cualquiera que tenga un nexo sentimental con el personaje principal. Los villanos irrumpen en una casa, departamento, calle solitaria o donde usted guste y mande. Matan a la persona en cuestión y si el protagonista está presente lo dejan para el arrastre. Esto en los primeros diez minutos, la hora y media siguiente se llena con escenas de acción ilimitadas y listo.


Como era lógico, tanto pan con lo mismo llevó al hartazgo incluso a los espectadores menos exigentes y el arquetipo de antihéroe vengador cayó en desuso. No obstante, así como las modas van y vienen, los tópicos cinematográficos también y, desde hace unos años se ha intentado revitalizar el género con cintas como Búsqueda implacable (Taken) con Liam Neeson o Seeking justice con el infumable Nicholas Cage. La trilogía Taken cumple con el cometido de entretener, sin embargo, todo el tiempo se mantiene dentro de lo politicamente correcto, exactamente lo contrario a la película que a continuación resumo.

John Wick es un ex-asesino. Su esposa muere y le deja un perro. El hijo de un mafioso y sus secuaces se meten a su casa, roban su carro y lo peor, matan al perro. Wick armado hasta los dientes va a vengarse desatando una cadena de violencia.


¿Algo más que contar? Muy poco. Si acaso que la historia se desarrolla en un ambiente mal vibroso plagado de asesinos que se conocen entre sí y que viven en un mundo clandestino regidos por las mismas reglas. A diferencia de otra películas, no hay un policía siguiendo al vengador; al igual que en la vida real, las autoridades brillan por su ausencia o de plano prefieren ni meterse. Buen punto.


De argumento predecible y poco original pero no ausente de cierta gracia, John Wick tiene a su favor ser espectacular en el aspecto visual y con eso es suficiente para cumplir las expectativas de los fanáticos del cine de acción en su estado más puro. Es evidente que los directores Chad Stahelski y David Leitch, ambos con experiencia como dobles de riesgo e instructores de artes marciales, no se preocuparon mucho por el desempeño actoral de un Keanu Reeves que con su cara de palo está que ni mandado a hacer para el papel, acompañado por tres actores que dispuestos a hacer lo suyo facilitan las cosas, me refiero a Michael Nyqvist, Ian McShane y Willem Dafoe.  


En lo que realmente pusieron empeño los realizadores es en las coreografías. Las secuencias de acción están al nivel del mejor John Woo. No es que sea un sádico, pero una vez aceptado que el asunto no va más allá de ver a John Wick ir por doquier volando sesos, apuñalando, repartiendo puñetazos y patadas, dejando a su paso un reguero de cadáveres que harían parecer hermanitas de la caridad a Rambo,a James Bond y a Terminator, la anécdota se torna bastante entretenida.


Pongan su cerebro en off. No lloren cuando matan al perro (creo que es al único que no asesinan de a deveras), tampoco esperen una clase de histrionismo impartida por Keanu Reeves, él cumple bien con mantenerse en forma y lucirse a la hora de los catarrazos, es decir, en el 99% de la película. 


Explosiones, quebradero de huesos, muchísimos balazos, chicas guapas (no hay sexo, pero ni falta que hace) persecuciones automovilísticas y un buen soundtrack hacen de John Wick, una disfrutable película dominguera que cumple con creces su única pretensión, divertirnos un rato.

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martes, 11 de abril de 2017

Mike Elizalde


Corre la década de los sesenta, el pequeño Mike se acomoda en la butaca y fija la vista en la gran pantalla casi sin parpadear. Frankenstein interpretado por Boris Karloff, hace acto de aparición arrancando el grito del público que se ha dado cita en el cine. A diferencia de los demás niños que cierran los ojos para no tener pesadillas por la noche, Mike se inclina en el asiento para observar con detalle cada parte del monstruo sintiendo una fascinación que perdura hasta la fecha. Desde aquellos días de infancia, descubre que su mayor deseo es formar parte de ese mundo fantástico que solo es posible dentro del cine.


Con una carrera de casi 30 años, en la que ha participado en más de 60 producciones, Mike Elizalde es considerado uno de los maquillistas y creadores de efectos especiales más reconocidos de Hollywood. Originario de Mazatlán, el sinaloense ha reconocido que, a pesar de vivir en los Estados Unidos desde los cinco años, nunca ha olvidado sus raíces mexicanas. 


Mike Elizalde logró un rápido ascenso como diseñador de maquillaje y escultor, además, es pionero en el campo de los animatronics (mecánismos robóticos creados para dar vida a personajes fantásticos). En 1994 creó Spectral Motion Inc., una de las tres compañías de mayor nivel en lo que a efectos especiales se refiere, compitiendo con empresas especializadas en generar solo imágenes por computadora.


Gracias a su enorme talento y a la colaboración con el también realizador mexicano, Guillermo del Toro, Elizalde ha sido nominado a varios premios como el Oscar y el Saturn Award, reconocimiento otorgado por la Academia Cinematográfica de Ficción, Fantasía y Horror de los Estados Unidos.

Publicado originalmente en Blog Biblioteca Vasconcelos (2016)
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domingo, 12 de marzo de 2017

SOLO LOS AMANTES SOBREVIVEN (2013)



Si usted querido lector, es uno de esos espectadores que gozan con el cine de vampiros clásico y el horror gótico, ésta película quizá no sea de su agrado. Si lo que esperan ver es una orgía de sangre y seres demoniacos decapitados o atravesados por una estaca, más vale buscar otro título. Y si de plano, lo suyo son los cazadores de vampiros estilo Blade o los Draculines cursilerones de Crepúsculo, ni hablar, tampoco considere la recomendación.


Sólo los amantes sobreviven escrita y dirigida por el cineasta neoyorquino Jim Jarmusch, se distingue por ser una obra que evita todos los convencionalismos y lugares comunes del cine vampírico. 

Aquella frase publicitaria de la película Los muchachos perdidos que hacía hincapié en las ventajas sobre la inmortalidad y en lo divertido que esto significaba, es puesta directamente en tela de juicio por Adam (Tom Hiddleston), el personaje masculino principal. Seamos honestos, la idea de no morir suena idílica, sino fuera por el inconveniente de que nuestro mundo cada día luce como el peor escenario para vivir, incluso siendo un vampiro. Adam se ve obligado a acudir al banco de sangre para comprar de manera ilegal su alimento y, evitar el riesgo de contagiarse con la sangre contaminada de una víctima que consuma drogas, alcohol o que tenga alguna enfermedad como el VIH. 


Hundido en una depresión que lo ha llevado a considerar suicidarse -con una bala de madera- Adam  lamenta la condición actual de la especie humana a la que se refiere como "zombie". Se ha perdido el interés por la ciencia y el arte. No existen personas con quien entablar una conversación inteligente como en antaño lo hiciera con Lord Byron, Mary Shelley, Nikola Tesla o Albert Einstein. Estamos ante el que quizá, sea el vampiro más intelectualoide del cine, uno cuyas pretenciones van más allá de andar mordiendo gente, por ejemplo, inmortalizar su obra musical cediéndola a otro (Schubert).


En contraparte está Eve (espectral Tilda Swinton) pareja sentimental de Adam; amante de los libros, el baile y las partidas de ajedrez, busca devolverle razones para vivir al colmilludo hipster empeñado en clavarse en cuanto trauma existencialista pasa por su mente. Pero cuando las aguas comienzan a calmarse, aparece en escena Ava (Mia Wasikowska), hermana menor de Eve y de ahora en adelante pesadilla de Adam, porque la vampirita resulta ser el pariente incomodo, una chava desmadrosa que deja en claro que también entre los seres de la noche se cuecen habas. 


Solo los amantes sobreviven cuenta con una excelente dirección artística, es un deleite visual para los admiradores de las imagenes poéticas. Favor de poner especial atención a la música de Sqürl, grupo del propio Jarmusch. Mención aparte merecen las actuaciones de Tilda Swinton y Tom Hiddleston. Confieso que tuve dudas acerca de la química que pudieran tener considerando que ella le lleva como veinte años, pero a fin de cuentas, ese detalle pasa desaparcibido. Completan el reparto los fallecidos actores John Hurt y Anton Yelchin. 


La película contiene escenas sangrientas y algo de humor negro, pero recalco, no es un relato de horror como tal. No esperen algún sobresalto. Jarmusch sabe que la figura del vampiro y su eterna presencia a través de los siglos, lo convierten en el perfecto testigo del auge artístico, científico y cultural alcanzado por la raza humana y por ende, en justo juez del posterior declive y paulitana descomposición de la misma.

Sobran las lecturas pero algo me queda claro, cuando estás obligado a cohabitar en un mundo poblado en su mayoría por zombis indiferentes a su propia ignorancia, el don de la inmortalidad es una verdadera maldición.

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