Bienvenidos a Cinefantástico

Películas de Fantasía, Ciencia Ficción y Horror

Solo los amantes sobreviven

La depresión del vampiro

Mike Elizalde

Talento orgullosamente mexicano

domingo, 29 de junio de 2014

LA NAVE DE LOS MONSTRUOS (1960)


Las venusinas Gamma (Ana Bertha Lepe) y Beta (Lorena Velázquez), emprenden un viaje a través del universo con la misión de encontrar ejemplares masculinos que suplan a los que han muerto en su planeta a causa del mal atómico. Una falla en la nave espacial provoca que desciendan de emergencia en la tierra, un lugar en donde el robot Tor les advierte que sus habitantes son seres que no saben lo que quieren y, solo buscan destruirse unos a otros. Para su buena suerte, el primer humano con el que se topan es Laureano (Eulalio González "Piporro"), un norteño que se la pasa contando mentiras en la cantina del pueblo. 


Haciéndole creer que son integrantes de un circo, las frondosas alienígenas le preguntan si hay otros hombres en el pueblo, a lo que responde que sí, aclarando que él es "de lo mejorcito que hay". Después de haber sido petrificado unos instantes por las venusinas, Laureano despierta pensando que todo fue una alucinación. Tiempo después para sorpresa del norteño y su hermanito Chuy, se presentan en su casa buscando alojamiento ¿Y cómo decirle que no a semejantes monumentos galácticos? Ahí sale a colación el tema del amor, sentimiento que las dos visitantes dicen desconocer, ante la incredulidad de Laureano; y si no saben qué es un beso mucho menos conocen todo lo demás. Pero para eso está el mexicano, para explicarles - con una canción, no sean mal pensados- en qué consiste el amor. Rendidas caen  a los pies del norteño simpaticón y cantarín quién más tarde será la manzana de la discordia que ocasione todos los enredos.


Ustedes se preguntarán ¿Y que papel juegan en la película los monstruos del título? Pues la verdad no tiene ninguna lógica que aparezcan, sólo son otro de los tantos disparates que se le ocurrieron al director para matarnos de la risa. Se supone que también son unos especímenes masculinos que capturaron en otros planetas y que servirán para repoblar Venus ¿Cómo piensan usarlos? No se sabe, porque de entrada no tienen aspecto humano. Absurdo y sin ningún sentido, hasta que Beta que guarda un as bajo la manga decide usarlos para otra cosa.

La película de Rogelio A. González con argumento de José María Fernández Usaín, es una combinación de comedia ranchera/película de ciencia ficción clase B, con efectos de nave de cartón y monstruos de hule incluidos, lo que lejos de convertirla en un bodrio funciona voluntaria o involuntariamente para hacerla más chistosa.


Rogelio A. González fue un director que abordó todos los géneros, desde las cintas de charros hasta los melodramas urbanos. En el plano de lo fantástico realizó Dos fantasmas y una muchacha (1959), El conquistador de la luna (1960), y una de las mejores cintas mexicanas de humor negro, El esqueleto de la Sra. Morales (1960).

A simple vista, La nave de los monstruos es una especie de parodia de las películas de ciencia ficción gringas que abundaron en los años cincuenta, por ejemplo, El día que la tierra se detuvo (1951). Sin embargo, también es una comedia que retrata una fantasía muy socorrida por el mexicano promedio, que consiste en que un día se le aparezca una mujer de buenísimas proporciones para pedirle que le haga "el favor" y si se lo lleva a otro planeta, isla o cualquier lugar en que lo necesiten para poblarlo de nuevo, él se pone flojito y cooperando. 

En el papel protagónico tenemos a Eulalio González "Piporro", locutor, actor y cantante que brilla con luz propia y que causa gracia con solo escuchar su tonito de norteño. Muy adoc, la picardía de sus frases que, aunque medio subidas de tono para la época, no son de mal gusto. Lo que es un verdadero deleite visual son las venusinas; como la heroína está Ana Bertha Lepe, ganadora del tercer lugar en un certamen de Miss Universo y como la antagonista, Lorena Velázquez, actriz que desborda sensualidad tan solo con la mirada. Ambas vistiendo provocativos atuendos, con peinado y maquillaje de salón, que las hace parecer más modelos de pasarela del Palacio de Hierro que seres venidos de otra galaxia. De hecho es curioso, porque casi en todas las películas mexicanas de ciencia ficción, los personajes de otros planetas son caracterizados como si fueran romanos, usan túnica y sandalias; un claro ejemplo es la película Santo vs La invasión de los marcianos (1967) en la que el actor Wolf Rubinski más bien parece  el emperador Julio César con casco de plancha.


Lo infame como ya comenté, son los dichosos monstruos, que parecieran sacados de un basurero de Hollywood. Pero eso no es lo peor, casi estoy seguro que esas botargas de peluche y hule a punto de romperse,  son los mismas que se reciclaron para la película Santo y Blue Demon contra los monstruos (1970). 

Así las cosas, yo nomas espero que si un día las venusinas aterrizan en mi querido país, sean igualitas a las de ésta película, para que antes de que destruyan el mundo se avienten conmigo un taconazo.



"Soy capaz de casarme contigo y aceptar al robot aunque haya sido un mal paso tuyo"

sábado, 28 de junio de 2014

STAR TREK: EN LA OSCURIDAD (2013)


Después de sufrir un atentado que pone en riesgo la estabilidad del planeta tierra, la tripulación comandada por el Capitán James Kirk viaja hasta el planeta Klingon para capturar al responsable, un ex miembro de su misma organización.  La misión pondrá a prueba la astucia, el valor y la madurez del capitán James Kirk, quien deberá descifrar el plan del siniestro villano antes de que ocurra una catástrofe de proporciones apocalípticas.

Aclaro que su servidor no es un admirador ferviente de la serie de culto Star Trek o Viaje a las estrellas como se le conoce en México y otros países de Latinoamérica. De hecho pertenezco a la generación Star Wars (1977-1983), y esto lo menciono porque es importante resaltar que no se necesita ser un "trekkie" para disfrutar la nueva aventura fílmica del U.S.S Enterprice. Por otra parte, quien se precie de ser un fanático que desayuna, come y cena todo lo relacionado con las andanzas intergalácticas del capitán Kirk, el señor Spock, Chekov, Scotty  y Bones, entre otros, encontrará a medida que avanza la historia, nostálgicos guiños y conocidas referencias.


La secuela del reboot también dirigido por J.J. Abrams en 2009, supera con creces a su antecesora en grandiosidad. Es un espectáculo visualmente deslumbrante,  un claro ejemplo de lo que debe ser el cine de entretenimiento puro (el llamado "palomero"), un pasatiempo en el que no caben los formalismos, en el que es valido que se pasen por alto pequeñas fallas que no afectan el desarrollo de la trama; y en el cual como espectadores, una vez que comprendemos que estamos ante un universo que se mueve bajo su propia lógica -como corresponde al genero de la ciencia ficción- podemos disponernos a pasar un rato muy ameno.  
No exenta de mensajes que tras la fachada de una aventura fantástica, justifican la política intervencionista estadounidense, dando a los héroes el carácter de una policía encargada no solo de imponer el orden mundial sino también el del universo, el cual consiguen invadiendo los planetas con la “noble intención” de liberarlos de un desastre que por sí mismos no podrían solucionar, la película no solo se preocupa por exponer el discurso bienhechor, sino que pondera la importancia de sentimientos humanos como el amor, la amistad, la solidaridad, la lealtad, la venganza y el sacrificio encarnados en cada uno de los protagonistas (sí, incluso en el hasta ahora inconmovible señor Spock).



Star Trek: En la oscuridad por su calidad en todos los rubros técnicos, con seguridad estará nominada a por lo menos dos premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood. Por lo pronto, ha conseguido superar en el gusto del público a  la multimillonaria  - y para muchos decepcionante- Iron Man 3. 

"Larga vida y prosperidad"

viernes, 27 de junio de 2014

FRIGHT NIGHT (1985)

Charley Brewster (William Ragsdale), fanático de las películas de horror de medianoche descubre que su nuevo y enigmático vecino es un vampiro. Por obvias razones nadie le cree, por lo que busca la ayuda del veterano actor de cine Peter Vincent (Roddy McDowall) conocido por su papel de "destructor de vampiros". El ahora presentador desempleado, ignora la alocada ocurrencia del joven. Preocupados por la cordura de Charley, su novia Amy (Amanda Bearse) y su amigo Evil (Stephen Geoffreys) contratan al actor para armar una farsa en donde se compruebe que el vecino es una persona normal y no un hijo de la noche. Por desgracia, lo peor está por venir cuando Vincent descubre que Charley no está equivocado ¡Bienvenidos a Fright Night!

En 1985 Tom Holland escribió y dirigió Fright Night (La hora del espanto o Noche de miedo) una película cuya trama, simple pero efectiva, reflejó buenos resultados en taquilla contando con una producción de apenas 9 millones de dolares. A casi tres décadas de su realización, la cinta dirigida al público adolescente que sitúa las acciones en un ambiente netamente gringo y discotequero, ha envejecido con bastante decoro gracias a los efectos especiales de Richard Edlund y el maquillaje de Ken Díaz, incluso se deja ver con mayor interés que otra obra del mismo director: Chucky el muñeco diabólico (1988). 



Con una premisa que remite de forma inevitable a La ventana indiscreta (1954), Fright Night es una parodia-homenaje a los filmes de horror de la productora británica Hammer House. Rescata algunos elementos del mito de Drácula, y se nutre un poco de la visión vampírica de Stephen King y su Salem´s Lot. Todo lo anterior aderezado con una afortunada dosis de humor negro. 



Por supuesto, no está exenta de algunos detalles un tanto absurdos, como el hecho de que se nos pretenda hacer creer que, los protagonistas son unos adolescentes, cuando a simple vista se nota que ya superan los 25 años. En ese sentido sale mejor librado William Ragsdale, no así Amanda Bearse (la veríamos pocos años después en el programa Married with children haciendo gala de su vis cómica) quien pese a vestir de colegiala fresa no puede evitar verse ya grandecita. 
En el rol de Evil, Stephen Geoffreys va evolucionando conforme la historia va subiendo de nivel, lástima que después de ser encasillado en películas de terror de bajo presupuesto haya dado un giro de 180° a su carrera, filmando películas porno gay, pero esa es otra historia. 
Quienes destacan como los verdaderos protagonistas son Chris Sarandon en el papel del villano chupa-sangre con look de latin lover misterioso y cachondo, por lo que ha sido criticado por algunos cinéfilos, a los que yo pregunto ¿Prefieren a los vampiros descafeinados de Crepúsculo? 


Y por último, Roddy McDowall,  que merece mención aparte por tratarse de un verdadero actor de carácter, un habitual secundario de lujo que inició su carrera como estrella infantil para luego participar en una larga lista de películas y series de televisión de corte fantástico como El planeta de los simios (1968), La dimensión desconocida (1960) y La galería nocturna (1969), entre muchas otras. McDowall borda el personaje más interesante de la película, Peter Vincent (combinación de los nombres de los actores Peter Cushing y  Vincent Price), actor que ha quedado relegado al olvido después de que, cómo él mismo menciona "la gente en estos tiempos ya no cree en los vampiros solo quiere ver asesinos con cuchillo" y que, al sentirse en deuda con su admirador, adopta la actitud de su personaje ficticio - una copia del Van Helshing de Stocker- aunque sus esfuerzos no sean suficientes para estar al borde del infarto una y otra vez. 

Otro punto a favor es el el trabajo de Brad Fiedel, responsable del tema principal de Terminator 2: El juicio final (1991), que aporta una melodía que igual encaja en las escenas de persecución que en las eróticas. También cuenta con una buena selección de canciones pop encabezadas por  "Good man in a bad time" de Ian Hunter. 

En resumen, se trata de un digno referente de ese cine de horror ochentero que apostaba más por entretener que por buscar el hilo negro. 100 % recomendable para dominguear.

viernes, 13 de junio de 2014

47 RONIN (2013)

47 Ronin dirigida por Carl Rinsch, es una de esas películas cuyo despliegue publicitario promete mucho más de lo que en realidad ofrece, en ese sentido hay que darle un gran mérito a quienes editan el trailer. Aunque injusto sería calificarla de bodrio, porque hay una incontable cantidad de cintas que se ganan ese mote a pulso, insisto que se trata de una obra dispareja en todos los aspectos, con uno que otro momento que la salva del aburrimiento.

Se supone que está basada en una leyenda japonesa protagonizada por los ronin del título (samurais que se han quedado sin amo), quienes para recuperar su reino piden la ayuda de un "mestizo" mitad británico, mitad oriental (Keanu Reeves). Como ya es costumbre, el cine hollywoodense se encarga de introducir una serie de elementos fantásticos pretendiendo darle mayor espectacularidad a una historia llena de altibajos que, por momentos oscila entre una aventura estilo Los piratas del Caribe (2003) y un anime de Dragon Ball Z (1989), Solo falta que salga el maestro Roshi ¿Así se llama? En ese contexto, ya no se puede poner uno exigente esperando ver un retrato fiel del feudalismo japonés, ni mucho menos una película apegada a ninguna cuestión histórica o tradicional. 

Al principio nos presentan algunos escenarios espectaculares y una secuencia de acción tipo La momia (1999) que hace pensar al espectador que si esto apenas es el inicio, seguro le esperan dos horas de pura adrenalina. Pero pasan los minutos y la aventura épica se convierte en un melodramón casi shakespeariano, con locaciones que me hicieron recordar una serie llamada The storyteller (1987), la cual contaba con una muy buena producción para ser un producto televisivo; sin embargo 25 años después, esos fondos pintados y los escenarios de cartón piedra no funcionan del todo, aclaro que si hay algunos paisajes reales, por ello mi comentario de que Ronin 47 es una cinta irregular. El vestuario es uno de los elementos más rescatables. 

Reitero que el desconocido director Carl Rinsch, aborda las situaciones desde una perspectiva muy dramática para ser un cinta de acción, eso apoyado con un elenco oriental que opaca por mucho al actor principal. Ko Shibasaki no está por demás decir que luce hermosa e Hiroyuki Sanada, podría llevar el peso de la película sin la presencia de Keanu Reeves. Y es que el otrora protagonista de Matrix (1999) es inexpresivo en todo momento, pelea sin furia, ama sin pasión y lo más curioso, si tiene veinte líneas en toda la película es mucho. Se balancea -como es su costumbre- más de lo que habla.

Y entre subidas y bajadas se van sesenta minutos de combates, unos buenos a secas, otros de escasa emoción y eso sí, una cantidad interminable de diálogos. Algo que es de llamar la atención son los villanos, porque exceptuando al malo principal interpretado por el actor japonés Tadanobu Asano, los otros pasan sin pena ni gloria, apareciendo solo unos minutos, como el tipo lleno de tatuajes y cara de calavera que acaparaba espectaculares y que resulta ser  poco menos que un personaje incidental.


Por último, hablaré de los efectos visuales. Si nos refiriéramos a una producción de Cine B, tendría que comentar que son más que aceptables. Pero tratándose de una película con una inversión de más de 300 millones de dólares, para la que se contrató a un director debutante y un guionista de medio pelo como Chris Morgan (tres cintas de Rápido y Furioso), lo mínimo que se espera es que los efectos sean sorprendentes. Lástima, porque también en ese sentido la película se queda corta, sobre todo en la escena final en la que, una de las criaturas parece sacada de una película del Sci-Fi Channel.

En fin, no acostumbro sugerir que se salten partes al ver una película pero en este caso es lo más recomendable dependiendo los gustos de cada espectador: si lo que quieren es llorar a moco tendido, seleccionen las escenas 2, 4, 5, 6, 7 y 9, pero si lo que desean es no cuajarse, vean las escenas 1, 3, y 8. Lo digo en serio.

sábado, 7 de junio de 2014

THE CITY OF THE DEAD (1960)

Entusiasmada por las historias sobre hechicería que con tanto énfasis le ha contado el profesor Driscoll (Christopher Lee), Nan Barlow, una estudiante británica, decide ir a un pueblo llamado Whitewood, en donde a finales del siglo XVII los pobladores enviaron a la hoguera a una presunta bruja. Convencida de que dicho sitio es ideal para encontrar información acerca de la práctica de la brujería, la chica emprende el viaje pese a la negativa de su novio y de su hermano. Whitewood resulta ser una comunidad perdida entre la niebla, una especie de pueblo fantasma en donde la gente deambula como sumida en un trance. Al llegar, como por obra de la "casualidad" se registra en un hotel situado justamente sobre el lugar en donde quemaron a la bruja. Luego de algunos incidentes sobrenaturales, Nan Barlow descubre que en pleno siglo XX, los habitantes continúan realizando prácticas satánicas por lo que su vida corre grave peligro.

The city of the dead (conocida en Estados Unidos como Horror Hotel y en algunos lugares de Latinoamérica como Aquelarre) es una película británica protagonizada por unos ilustres desconocidos, en donde solo es reconocible el nombre de Christopher Lee, único sobreviviente de esa época dorada del cine de horror sesentera que tenía entre sus principales exponentes a Peter Cushing, John Carradine y al más grande de todos: Vincent Price.

La cinta ciertamente no cuenta con una premisa que pueda considerarse muy original, sin embargo, tiene varios elementos que la colocan por encima de otras producciones del mismo género con mayor presupuesto. Se trata de un relato de horror gótico que cumple con todas las características de ese estilo visual y narrativo europeo. Cierto es que, las acciones no se desarrollan en un castillo, de hecho son pocos los escenarios (el hotel, una casa, el exterior de una iglesia, una librería, unos pasadizos subterráneos), pero sí encontramos el cementerio, la neblina, el contraste de luces y sombras proyectadas por las antorchas o velas, y la constante oscuridad detrás del personaje principal, que sugiere la presencia en este caso, de una bruja u otro ente maligno vigilando desde la penumbra.

The city of the dead coincide en algunos puntos - guardando las distancias - con la obra maestra del suspenso Psicosis de Alfred Hitchcock realizada el mismo año; ambas son protagonizadas por una rubia que se hospeda en un hotel alejado del mundo moderno, en donde no tiene la menor sospecha de lo que le espera (una mucho más inocentona y, por supuesto más virginal Nan Barlow que Marion Crane). Otra coincidencia resulta en el hecho de que en las dos, la desaparición de las protagonistas motiva que sus respectivos hermanos se den a la tarea de investigar lo sucedido. 

La atmósfera malsana e inquietante es reforzada con unos cánticos religiosos siniestros como los que posteriormente escucharíamos en películas de mayor fama como El bebé de Rosemary (1968) de Roman Polanski y La profecía (1976) de Richard Donner.

Hay quien asegura que la película se estrenó en Estados Unidos con clasificación X, en lo personal tengo mis dudas acerca de ello, porque esa clasificación fue creada por la Motion Picture Association of America hasta 1968. En todo caso pudo haber sido clasificada como R (Restringida), la cual recomienda que sea vista por mayores de 18 años o menores de 17 acompañados obligatoriamente por sus padres. Ahora que, las escenas de sexo y violencia son meramente sugerentes. Eróticas solo encontramos dos, una en donde la protagonista se desviste quedando en liguero y otra que, para la censura de la época puede considerarse un verdadero atrevimiento, ya que resaltan bajo un ajustado suéter, los pezones de una mujer mientras ésta es sometida por los seguidores de Satán. A propósito de la violencia, reitero que de igual forma, no hay crímenes explícitos, pero no es difícil imaginar qué sucede cuando vemos en un encuadre una mano blandiendo un cuchillo y en el siguiente a una mujer inofensiva lanzando un alarido.

Recomiendo verla a las doce de la noche (por aquello de que es la hora de las brujas), solo, y con la disposición de dejarse asustar durante poco más de sesenta minutos. Buena a secas, pero eso sí, muy entretenida.

miércoles, 4 de junio de 2014

MAQUILLANDO A FREDDY KRUEGER

En 1984, Wes Craven creó a uno de los monstruos más reconocidos (e incluso queridos) del cine en la segunda mitad del siglo XX, el hombre del sombrero y el guante de cuchillas, por supuesto, me refiero a Freddy Krueger.

En un inicio, se consideró que Freddy fuera un animatronic, una marioneta electrónica, sin embargo, la película de bajo presupuesto (un millón y medio de dólares), no podía darse el lujo de recurrir a efectos especiales costosos. Fue así que el maquillista David B. Miller tuvo la difícil empresa de transformar al actor Robert Englund en el repulsivo personaje que, a decir del mismo Craven, estaba inspirado en un vagabundo que lo asustó de niño.

El diseño original consistía en un hombre delgado vestido con suéter a rayas rojas y amarillas (color que fue cambiado a verde), dientes que sobresalían por debajo del labio inferior y partes del cerebro expuestas, lo cual no fue posible. El guante con cuchillas -cuyo efecto de sonido se consiguió raspando un cuchillo contra una superficie metálica- inicialmente se pensó fuera una garra.


Todos esos detalles no fueron la parte más fácil del trabajo. Lo difícil consistió en dar a Freddy la apariencia de un hombre con serias quemaduras en el rostro. David B. Miller tardó más de tres horas en poner el maquillaje completo al actor. Para ello tuvo que hacer un detallado estudio de fotografías de personas víctimas de quemaduras atendidas en el centro médico de UCLA.

Aplicó prótesis hechas de espuma y silicón para dar mayor volumen al rostro sin que éste perdiera su expresión. Latex, papel de celulosa y trozos de carne artificial fueron utilizados para crear la textura de la piel. El tono rojizo de las supuestas heridas abiertas se consiguió diluyendo aguacolor (maquillaje que se utiliza para trabajos de fantasía, faciales o corporales y caracterizado por su tolerancia en todo tipo de pieles). 

Considerando el limitado presupuesto con el que contaba David B. Miller, el resultado final es terrorífico -incluso me atrevería a decir- más que el del remake realizado en 2010.

martes, 3 de junio de 2014

NEAR DARK (1987)



En Near Dark, Caleb (Adrian Pasdar) es un joven vaquero que ansioso por acercarse a una misteriosa mujer llamada Mae se ofrece a darle un aventón. La chica que a simple vista parece inofensiva, acepta ceder a los embates amorosos del insistente vaquero, quien durante el camino, todo el tiempo intenta seducirla. Para desgracia suya pagará caro el asedio, ya que Mae es una mujer vampiro, quien además, no está sola.

Al igual que en Los Muchachos Perdidos (1987) de Joel Schumager, el personaje se introduce al mundo del vampirismo a través de una colmilluda y atractiva fémina. La diferencia es que en Near Dark, segunda película de Kathryn Bigelow, directora ahora reconocida y nominada al premio Oscar por cintas como Zona de Miedo (2008), se aborda la situación desde una perspectiva más seria, alejándose de los tópicos adolescentes e imprimiendo un dramatismo que solo conservaron películas como El ansia (1983) de Tony Scott, en una década en la que el cine de vampiros se tornó más humorístico que terrorífico.

En Near Dark, la metamorfosis del hombre en vampiro se da en términos de dolor físico. Colt vaga por las desérticas calles de un pueblo estadounidense en busca de ayuda, sin comprender con certeza qué es lo que está sucediendo. Jesee Hooker (Lance Henriksen) le ofrece unirse a su banda de vampiros a pesar de la renuencia de Severen (un joven Bill Paxton). La condición es que acepte que la única forma de mantenerse inmortal es alimentándose, es decir, matando.

Near Dark (conocida también como Los viajeros de la noche) resulta ser una efectiva amalgama de géneros. Los forajidos del viejo oeste, son ahora vampiros que tras la fachada de una familia de punketos desmadrosos, van causando disturbios a su paso, con pleitos de cantina y balaceras incluidas. La figura de los hijos de la noche se traslada al contexto rural sustituyendo los castillos lúgubres por moteles de carretera.



Apoyada en un pequeño cuadro de actores de entre los que sobresalen Henriksen y Paxton, Bigelow desarrolla una entretenida historia con un presupuesto mínimo, pero con la intención de ofrecer una perspectiva diferente, lo cual se agradece. También hay escenas que recuerdan el cine de Sam Peckinpah (La huida, 1978) y en menor medida el de James Cameron (Terminator, 1984) ex-pareja sentimental de la directora. 

He ahí, la principal virtud de Kathryn Bigelow, demostrar que una mujer puede hacer cine con un toque francamente masculino.

domingo, 1 de junio de 2014

LA MOSCA (1986)

Si la película en turno hubiera sido dirigida por un ilustre desconocido, me limitaría a decir que es la clásica historia de horror protagonizada por una guapa heroína y un espantoso monstruo. Por fortuna no es así. Algunos directores han dedicado su filmografía a la exploración de la conducta humana desde el punto de vista de la mente o del espíritu. Otros han preferido tomar caminos alternos menos convencionales, pero igualmente interesantes. Tal es el caso de David Cronenberg.

Una carrera de poco más de tres décadas sitúa al realizador canadiense, entre uno de los más reconocidos exponentes del llamado Cine de autor, el cual se caracteriza por la continuidad con que un director recurre a un tema o por la forma en que tiende a repetir en cada historia su visión del mundo.

Desde sus inicios, David Cronenberg no dudó en “confesarle” al público, su más grande inquietud: Una mórbida fascinación por todo aquello que involucrara a la carne. El canibalismo de Rabia (1977), la destrucción de los cuerpos vía poderes telepáticos en Scanners (1981) , y las perversiones de un grupo de extraños que consiguen satisfacción sexual  a través de mutilaciones y accidentes en Crash (1996), representan solo algunos ejemplos en su vasto universo carnal.

La mosca realizada en 1985 y protagonizada por Jeff Goldblum y Geena Davis (pareja que llegaría al altar en la vida real) está basada libremente en un relato del escritor George Langelan. Considerada un clásico del cine fantástico, fue adaptada por primera vez en la década de los cincuenta contando con un icono del género de horror en el papel principal: Vincent Price.

Hay una mosca en mi filme 

Si hay algo que como cinéfilo debo agradecer, es que un director capte mi atención en los minutos iniciales de la película, dejando a un lado los planteamientos rebuscados, pretenciosos y en ocasiones hasta confusos, a los que con frecuencia se recurre para justificar un supuesto dominio de la ciencia ficción.

La mosca inicia con un breve diálogo entre el excéntrico pero tímido científico Seth Brundle y la joven periodista Veronica Quaife. El primero asegura tener en su poder, una invención que supera cualquier nivel de comprensión y que sin duda está destinado a convertirse en el mayor adelanto tecnológico de la historia.

Con escepticismo pero atraída por el misterioso personaje, Veronica acepta acompañarlo a su casa-laboratorio. La visita confirma que Brundle no es un charlatán sino un genio de la metafísica quien, ha creado una capsula teletransportadora. Asombrada después de ver una increíble demostración, Veronica intenta convencerlo de la importancia que significa mostrarlo al mundo. Pero para Brundle, aun falta un último experimento: Ser él quien viaje a través de la capsula.



A diferencia del ya citado clásico, en donde la intromisión de una mosca trae como consecuencia el intercambio de cabezas entre científico e insecto, en la nueva versión la fusión de ambos organismos da pie a una metamorfosis que convierte a Brundle en un hombre con agilidad y fuerza sobrehumana. Los nuevos poderes que, incluyen trepar por las paredes,  son  solo el preludio de un fatídico final, ya que el protagonista sufrirá una mutación que literalmente lo hará caerse a pedazos (gracias también al extraordinario maquillaje de Chris Walas y Stephan Dupuis, que les valiera un premio de la academia).

Cronenberg aborda los hechos con su particular estilo y teje una historia donde el sexo y la carne tienen una importancia preponderante. Brundle es un nerd, quien vive absorto en sus ideas, con un nivel intelectual envidiable, sin embargo “algo” le falta para dar el paso final en sus investigaciones. Esa idea aparece como una revelación durante uno de sus encuentros sexuales con Veronica.



La película presenta el conflicto entre el intelecto y el instinto. Siendo que cuando el primero se ve superado por el segundo, el hombre pierde la condición que lo hace diferente a los animales. El ahora denominado Brundle-Mosca tiene un apetito sexual insaciable, compite para demostrar que es el más fuerte y así ganarse la admiración de la hembra y hacerla suya. Al descubrir que Veronica tiene en su vientre una criatura engendrada por él, Brundle-Mosca enloquecido hace lo imposible para perpetuar su especie o salvar lo que puede significar lo último que resta de su humanidad.

Gracias al trabajo de solo tres actores(al reparto se suma John Getz como el editor y ex amante de Veronica), una atinada dirección y un sólido guión, La Mosca ha conseguido ser uno de los filmes más recordados en la segunda mitad del siglo XX.

Especialista en un lenguaje cuyo alfabeto está constituido por sangre, huesos y carne, Cronenberg es un director al que vale la pena seguirle la pista… Por si las moscas.